viernes, 7 de noviembre de 2008

...




















Tú y yo en una de esas fiestas tranquilas donde la gente bebe vino y habla de sus vidas, o en un bar en la calle de noche. Te encuentras con un amigo que no conozco. Os metéis en una conversación algo técnica o profunda, lo suficientemente ajena a mí como para que me aburra y me distraiga con la gente que pasa. Tú me abrazas por la espalda, para que sepa que no te has olvidado de mí o para introducirme en la conversación o porque te apetece. Yo miro con mi mejor cara de atención a tu amigo, intentando estar a la altura de la seriedad de su discurso. Cuando casi comienzo a entender de qué va la historia noto tu mano dentro de mis bragas. No miro hacia abajo, ni sonrío, disimulo, espero que la mesa alta que nos separa sea suficiente. Tú me tocas el coño sin inmutarte. Estás completamente atento a la conversación, argumentas de forma inteligente e incluso se te ve apasionado con el tema.Yo me estoy derritiendo y tú lo sabes. Me sorprende mi propia voz; intento hacer pasar un gemido por una interjección que espero venga al hilo de lo que decís.Tú sigues moviendo la mano, los dedos muy adentro. Las piernas me tiemblan y me apoyo en ti fingiendo cansancio. Nadie se da cuenta, y menos tu amigo. Pero lo que más cachonda me pone no es el riesgo de ser vistos, es tu impasibilidad, tu capacidad para desmadejarme mientras haces cualquier otra cosa. Quizá porque tu cuerpo no necesita de tu cerebro para darme placer...
o porque en ese momento disfruto mucho más cediendo completamente el control...

No hay comentarios: